- Paseando junto a ese atardecer lluvioso amarrada de él, con esa chaqueta marrón de cuero que me encanta, yo visto sudadera de Oxford y botas de agua, la lluvia nos rocía en la cara,
- nos besamos, sentados mirando hacia el Coliseo, la última batalla que se libró, ahora, sus labios contra los míos, luchando por rescatar unos inútiles momentos de un pasado trágico, oscuro, violento, como si te pusieras en el tubo de escape de un Lamborghini y respiraras hondo, como cuando haces yoga. Pero el pasado ya no existe solo quedan los recuerdos, los que más duelen, los que nos distanciaron, pero el rocío me trae de vuelta al presente, con él.
4 de enero de 2011
El Coliseo nos observará...
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